viernes, 23 de octubre de 2026

LUIS OTHONIEL ROSA

 


 

Flow lento



Aprendí a disfrutar el flow lento
fumando marihuana, al final de la tarde,
en alguna playa en Puerto Rico,
mientras los turistas se iban yendo,
huyendo de la noche, y los animales
nocturnos iban llegando para cambiar el panorama.

Mentira. Lo aprendí cuidando
a mi tía Nélida que se estaba muriendo
de cáncer, medio sola, repasaba conmigo
la lista de personas a quienes
les tenía que pedir perdón
antes de morirse.

Hubiera preferido aprender a disfrutar
el flow lento observando las plantas,
o las largas migraciones hemisféricas
de algunos pájaros o mariposas.
Hubiera sido perfecto aprenderlo
observando a las tortugas, a los careyes
que vuelven a la playa natal para poner
sus huevos en el mismo hueco que nacieron
décadas antes.

Mi deseo de lentitud es un abismo
(y una resistencia).
Quisiera que fuera una revolución.
Ahora miro hacia abajo, al precipicio de lo lento.
La historia del planeta me devuelve la mirada.

Aquí valdría la pena suicidarme.

La playa nocturna, la tía Nélida, las plantas y los animales,
todo lo lento me grita: no te perteneces…
Ahora muérete y complácenos.
Atrasado, asincrónico, en el tiempo de las especies,
tu flow lento permanecerá, y nada más importa.

 

Bayamón, 2022

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario