sendero cinco torres
tenía
la respiración jadeante
rota
mientras remontábamos el sendero de pinos olorosos
entre el bosque y la sombra
que seguía a tu paso
de guerrero —de fugitivo
cada
pausa quedaba impresa
en el limo dulce igual que en la memoria
cristalizadas las violas y todos los gemidos
entre
el sudor —la sal
y el sol
entre el hechizo y la desesperación
con
la espalda apagada en el fango
y con la boca caliente y húmeda
abierta de par en par al cielo hosco del verano
suplicaba
que la corteza del monte
cediese bajo mi peso
y me retuviera allí para siempre
pero tú tenías la quietud de los cristales
en la cabeza la quietud que sube
después de un largo llanto
si
se prestaba atención
desde lo alto se podía observar
la espuma de cada ola
incubada por la roca
el
tañido de las campanas
desde la cima turquesa
descendía sobre nuestros cuerpos
como una sentencia
De:
“Maniobras secretas”
Versión
de María Martínez Bautista
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