Soneto
a las tentaciones alimentarias
El gastronómico placer anima
la harina que en pastel adquiere forma.
Tu libera de toda forzada horma
el vivir que el antojo tanto estima.
No sea causa de ninguna muina
ni comida chatarra que deforma
ni azúcar demasiada que transforma
tu figura contenta en triste ruina.
No sea causa: disfruta el momento.
Tu doctor tal vez te advierta, severo,
haz ejercicio y tu dieta reforma,
pero el Buda sonríe: el alimento
aprecia en su transcurso pasajero.
Que el sabor sea del sabio la norma.
De:
“Dones del día. Noventa y seis sonetos de ocasión”
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