viernes, 23 de octubre de 2026


 

LUIS OTHONIEL ROSA

 


 

Flow lento



Aprendí a disfrutar el flow lento
fumando marihuana, al final de la tarde,
en alguna playa en Puerto Rico,
mientras los turistas se iban yendo,
huyendo de la noche, y los animales
nocturnos iban llegando para cambiar el panorama.

Mentira. Lo aprendí cuidando
a mi tía Nélida que se estaba muriendo
de cáncer, medio sola, repasaba conmigo
la lista de personas a quienes
les tenía que pedir perdón
antes de morirse.

Hubiera preferido aprender a disfrutar
el flow lento observando las plantas,
o las largas migraciones hemisféricas
de algunos pájaros o mariposas.
Hubiera sido perfecto aprenderlo
observando a las tortugas, a los careyes
que vuelven a la playa natal para poner
sus huevos en el mismo hueco que nacieron
décadas antes.

Mi deseo de lentitud es un abismo
(y una resistencia).
Quisiera que fuera una revolución.
Ahora miro hacia abajo, al precipicio de lo lento.
La historia del planeta me devuelve la mirada.

Aquí valdría la pena suicidarme.

La playa nocturna, la tía Nélida, las plantas y los animales,
todo lo lento me grita: no te perteneces…
Ahora muérete y complácenos.
Atrasado, asincrónico, en el tiempo de las especies,
tu flow lento permanecerá, y nada más importa.

 

Bayamón, 2022

 

MYR OLIVARES BONILLA

 


 

Despojo

 

Soy la segunda generación de mirtos,
tercera generación de margaritas
que plantaron su jardín
en distintas tierras.

Arranco los últimos pétalos de mi nombre
pero aún no le digo a mi madre.
No quiero que piense 
que me avergüenzo de ella.

No sé cómo decirle que su nombre
no es el mismo que el mío,
sino un horizonte 
que se borra
para abrirse.

 

HENRY ALEXANDER GÓMEZ

 

 

 

Bifaz

 

Acá duerme
la prehistoria
de la luz,
el trueno
astillado
por la piedra,
el pez
que alimentó
las estrellas,
una huella almendrada
en busca
del paraíso,
el huevo afilado
que raspó la noche
y partió en dos
esa secreta
materia
de las nubes.

 

De: “Diario para anunciar el fin del mundo”

 

JESÚS HERNÁNDEZ J.

 

 

 

Plegaria

 

En 1989, en Bahía, Brasil,
la escoba de bruja¹ devastó
miles de cultivos de cacao.
Cientos de familias en la calle
murieron de hambre;
cientos de niños obreros
sin acceso a educación,
de padres agricultores
que se quitaron la vida.

Así yo, empecinadamente,
busco un árbol para mi horca,
sin rumbo, trastabillando
en el camino escabroso.

Un árbol fornido para mi horca
y obtuve en cambio infinitos yermos.
Una espina que clavarme
como ciertas aves
empalando a sus presas
y blandas púas me fueron dadas.
Una fosa, un río sagrado
para sumergirme
y no hallé más que someras aguas.

Morir de sed,
pero las frías madrugadas
llenaron mi boca de rocío.
Ser un péndulo en el árbol,
un badajo en la torre
y no la fronda ni el yugo.
O podría adoptar
conductas autodestructivas
como esos ratoncillos australianos
que mueren de tanta cópula,
o como las arañas de terciopelo
que se dejan comer por sus crías.

Una mirada perdida, un recuerdo,
en medio del dolor el último goce.
La voz de mi madre
desde el pretil de la casa, exclamando:
¡Mira!, justo allí, en el promontorio,
un auténtico ejemplar
de ganado cebú.
“Un auténtico ejemplar
de ganado cebú”
⸺me repetí a mí mismo⸺,
pastando alhelíes en el prado.
El sol radiante y el viento frío
acariciando mi rostro
aquella tarde de verano.

 

De: “Concordia”

 

1.- Nota: Moniliophthora perniciosa es un hongo que causa la "enfermedad de la escoba de bruja ".

 

ANA PORTNOY BRIMMER

 

  

 

Educación

tras Lark Omura

 

Siempre nada hacia la ola venidera, luego sumérgete.
Nunca nades contra la corriente, deja que te arroje
hacia la mar, luego nada de vuelta a la orilla.
La orilla está forrada de sargazo y uva de playa, no sucia.
No ensucies la arena que acuna la cría de un tinglar.
Los tinglares se van al océano y migran por años antes de regresar.
El regreso morirá en la pista de aterrizaje,
enterrado entre tus costillas.
Tus costillas retoñarán el regreso entre tierra de cementerio.
Espanta ratones de la tierra que amontonas
en tiestos de ají y albahaca blanca.
Una buena olla de arroz blanco te pinta los labios de aceite.
Échale aceite a la olla para empedrarla con pegao.
No botes el pegao, el raspado esconde la resistencia.
Los gatos se esconden horas antes de un huracán.
El ojo de un huracán abre los ojos de un pueblo.
Los ojos de un pueblo se pueden nublar con polvos del Sahara.
Los polvos del Sahara cruzan el Atlántico,
estallan por ventanas de casas embargadas.
Ocupar un edificio embargado es pisar un hormiguero de policías.
La policía te echará gases lacrimógenos si luchas por la educación.
La policía te echará gases lacrimógenos si luchas.
La policía te echará gases lacrimógenos.
La policía te echará.
Los gases lacrimógenos se lavan
con aceite vegetal, agua y Palmolive.
Vela el agua a tus tobillos, puede estar lloviendo río arriba.
El Río Guanajibo, el Río Mameyes
te bañarán cuando tengan sed las tuberías y el grifo.
Cuando tengas sed por el fin de hoy, date una Medalla.
Una Medalla no aumentará tu sueldo ni liberará a Puerto Rico,
pero por esta noche, bastará.
Esta noche, escucha la música extraña de las sirenas y chicharras.
Esta noche, imagina que sirenas seducen al naufragio
lejos de tu archipiélago.
Deja que las noticias de tu archipiélago se vean a sí mismas.
En vez, ve hacia Dominicana y las Islas Vírgenes mirándote a ti,
anhelando por igual tu mano.
Esta noche, cuando se vaya la luz, échale la mano a tu vecine—
conéctale a tu planta eléctrica.
Esta noche, conecta las luces de Navidad del año pasado
y cuenta las bombillas fundidas.
Esta noche, desde New Jersey, cuenta los días
hasta que regreses a la isla.

 

NICTÉ TOXQUI

 

 


 

YO QUERÍA CRECER,
crecer, crecer, crecer, crecer.
Como la maleza crece.
Como las panzas de mis primas crecen.
Como el viento hace crecer al monte.
Desde abajo, crecer como una raíz de chayote crece.
Sin poca tierra y más azar, más roca con temple
crecer. Como existe la fiebre y el invierno
como un cumpleaños, mi deseo crece.
Y la muerte crece en paralelo y todo
a pesar en contra crece. Basta con ir,
con excavar, bocabajo crecer, hacia todo lo que está
esperando, en esta tierra, profunda
como la palabra raíz, también mi pie
mi creciente ombligo. Abuela
me cuenta cuentos y las noticias también
cuentan que en los baldíos crecen los huesos
y yo quería crecer como lo extraño,
como todo eso.