IV
mediodía
te has ido
la luz aturde como un mazo
como un cuerpo que cae
pesado y sin culpa
es
cierto
es mía la culpa
mía la cuerda que tiro alevosamente
con la soberbia de un planeta
para soltar mis vástagos
que destruyen todo
rugiendo sordamente
y
quédate solo
dijiste
solo
con tu orgullo
esa onerosa piltrafa
esa corona roída hasta el
hueso
bien
lo sabes
nunca
tuve valor
de contrariar tu palabra
YO
QUE ME AZULO
en el balcón de mi casa,
oyendo la lluvia caer
sobre tantas nervaduras.
El corazón
es un animal estremecido
porque no se quiere mojar.
Llamea: ayyy de los fuegos apagados.
¿Será
el jardín
la última trinchera de mi territorio?
No, responde la calle.
Mas hoy ni el sillón nos brinda amparo.
Realmente
no estoy tan triste.
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