sábado, 30 de diciembre de 2023


 

ANDRÉS CERNADAS

 


 

Flor de ipomea.
Las formas de la escarcha.
La vida breve.

 

JIMENA GONZÁLEZ

 

 

 

Chapa

 

¿Por qué mi cuerpo parece estar hecho para entregarse?

¿Por qué se salen de mí mis senos y mis nalgas y mi boca?

¿Por qué parece mi cuerpo una entrada?

¿Por qué tu cuerpo es el invitado?

¿Por qué he de ser yo siempre la anfitriona?

¿Por qué importa tu comodidad si esta es mi casa?

¿Por qué cuidarme el dolor y la aspereza?

¿Por qué mis texturas no son más que tus alfombras?

¿Por qué yo debo inclinarme a tu servicio?

¿Por qué tengo yo que cuidarme las tristezas?

Sonreír cuando llegues

Gemir cuando entres

Callar cuando salgas

¿Por qué ni siquiera hacer el amor es terreno neutro?

¿O es que aquí nació todo el poder ficticio de tu cuerpo?

¿Te inventaste el amor para amenizar tus visitas?

¿Por qué antes de entrar no te quitas los zapatos?

Vieras qué difícil es limpiar tus suelas sucias de este piso

Vieras qué difícil no sentirme la luna bajo una bandera estrellada

¿Y quién te dijo que la tierra de mi cuerpo es simplemente

el camino que recorres para ser el selfmade man que todos buscan?

Yo no creo yo no quiero que mi cuerpo sea un sendero

Yo no quiero ni siquiera ser la luz

Yo no quiero ni siquiera ser lumbrera

¿En qué parte de tu cuerpo sin derrames

guardas ese poder increíble de nunca sentirte profanado?

¿A poco tú también eres terreno de conquista?

¿A poco cuando dejas esta casa te sientes abandonado?

¿A poco tú no eres menos libre que el mercado?

¿A poco tú también sentiste que alguien te forzó la chapa?

¿Por qué tengo que arrinconarme para que quepas?

¿Por qué mi cuerpo es casa y no habitante?

¿Por qué me abarato a medida que me tocan?

¿Qué poder tiene tu cuerpo que directamente incide en mí?

¿Por qué para mí el sexo fue y es un terreno clandestino?

¿Por qué tú puedes llegar a cualquier casa y encontrarla abierta?

¿Dónde habito yo si tengo que hacer espacio para ti?

¿Dónde habitamos nosotras las que te hospedamos?

¿Por qué hasta mi corazón siente imposible recibir a más?

¿A poco tu cuerpo es tan gigante?

¿Por qué me dijeron

“Una llave que abre muchas chapas es una llave maestra

pero una chapa que se abre con cualquier llave es una chapa chafa”

y me besaron?

¿Por qué no podía gritar entonces?

¿Por qué sacralicé las reglas?

¿Por qué el silencio?

¿Por qué nadie dice que hay llaves que abren por la fuerza?

¿Por qué mi cuerpo se siente como una fiesta?

¿Por qué yo limpio lo que tú derramas?

¿Por qué mi cuerpo no se siente de sí mismo?

¿Por qué tantas pisadas, tantas grietas,

tantos focos fundidos y tantas termitas?

¿Por qué la sensación de desmembramiento?

¿Por qué la sensación de mutilación?

¿Por qué la ceguera frente al espejo?

¿Por qué tan poca lucidez?

 

 

JUAN ARABIA

 

 



Dársena Sur, 1909

 

Morimos, lo que significa que todo ha sido eliminado
desmontado, rueda a rueda, este juego complejo
                        de reestablecerse en otro lugar.

Lejos, al sur, donde la costa parecía desplomarse
hacia afuera y descansar sobre el río,
el humo anticipaba la futura ciudad industrial,

                                       flotas pesqueras y de cabotaje,
barracas y depósitos asentando las casas bajas
de la Boca, mirando al Riachuelo y a la dársena

por la que entraban esos muertos pobladores italianos
                                                 Morti non morti son’
que construyeron sus viviendas sobre pilotes

recurriendo siempre a la madera y faroles de gas,
estirpe gobernada por carroña,
aún se escuchan sus disparos en la noche,

gritos y aromas de Piamonte y Campania,
                                       Sicilia y Calabria.
                                                   Morti non morti son’.

 

MÓNICA OJEDA

 

 

  

1

Papá, tú querías un hijo y
   en cambio
te nació esta cabeza.

Una planta que crece hacia adentro.

   Una uña.
   Un estanque.

Por eso dijiste
callado a la placenta: “UN HIJO ES UN HOMBRE”.

Creías que serlo era irse callado de pesca

   pescar la vida

       sacarla del agua

y me llevas a pescar para que aprenda a ser un hombre
para que saque de la vida algo tibio que matar.

   “Matar te hace hombre”, me dijiste.

Creías que serlo era irse risueño de caza
empuñar un rifle a un corazón con astas

   reventarle el cráneo a la vida

tú piensas que eso que se inventa el bosque es un hombre
y me llevas a cazar contigo para que lo vea

me enseñas a dispararle a un árbol
a una nube todavía niña en mi cerebro

   porque pienso demasiado fácil, dices

       porque pienso cosas que se atraviesan

Y en cambio un hombre no arde de útero

         dice la-madre-coja-de-las-axilas

ni sangra en los pasillos
ni riega su leche sobre las ecografías abiertas
ni se mete el dedo índice
   para tocar a Dios
en un volcán de pelvis.

Una hija mata
pero como un hombre respirando al revés
en mitad del bosque.

Un amor umbilical rodeándote la manzana:

   una hija es un ojo que muerde
   —una mandíbula de leche—
   un anzuelo al cielo de los cabellos

Por eso “pesca la muerte”, dice mamá lamiendo la escopeta

   “caza la vida”

como una hija que es un hombre y una cabeza
como un río en una sábana de dientes mastodónticos
y el sexo abierto de las balas
goteando sobre la encimera.

 

2

Hora de huir
de la madre.

El origen es una aguja
escribiendo los nombres de los muertos
en las pupilas de los peces.

   Ceguera oceánica.

Sin imagen sólo queda el sentido de lo invisible
y una punta sangrienta como línea de salida a la superficie.

Mientras tomas aire
la escritura se humedece de futuro.

 

ROGER SANTIVÁÑEZ

 

 

 

4


Quería vivir nomás, sentir
el oleaje del mar frente a la
memoria de ti, Seguro el color
del mediodía sin ti; no hay
nada que hacer. Soñar quizá
para tener ese volumen de
las olas frescas, sonoras.

Una luz me fusiona contigo.
Se me abalanza la nada en
el filo del agua, ambientas
mi muerte, magnánima & dulce,
te ríes con tu dentadura pulcra
& me sacas de la profundidad
marina. Ya eres tú.

Tienes la grandeza de la Virgen.
No pares, sigue llevando este
mástil en la mano. “& yo qué soy”
me dices en la cresta de
la flor que yo te di, para que el espectá-
culo del mundo sea
el ritmo de esta canción.

Blanco delicioso, te da la forma
que yo más amo. Así me das,
me paseas por esas callecitas. &
saciamos el ansia, hacemos
un radiante e intransferible
presente.

 

LAURA WITTNER

 

 



Interrumpen la charla para hacer algo urgente

 

En la parte de arriba del mundo
están las amigas emigradas:
heroínas románticas
aventureras con gorro de piel
mujeres físicamente poderosas
que cuando llega navidad
mi cumpleaños, los actos escolares
en lugar de adormecerse de calor
salen a la puerta de sus casas
–el rostro agudo de la decisión
los puños prontos–
nada más y nada menos
que a palear nieve.