El perplejo Brown
Vino
un hombre a vendernos su camisa.
¡Un borracho misérrimo, sin blanca!
Riley, que por allí estaba sentado,
le susurró a Brown estas palabras:
“A
ese mendigo que ha pasado ahora
lo conocí yo en tiempos más boyantes.
Ganaba tres chelines en un día
cuando la recogida del guisante”.
“¡Dios
nos asista! ¿Quién lo hubiese dicho?”,
exclamó Brown, “Hoy cuesta imaginarlo:
pensar que el hombre fue lo que me cuentas
¡y hoy verlo taciturno y cabizbajo!”
“Si
fuese otro, Riley, quien contase
lo que tú me has contado”, siguió Brown,
“—¡Dios nos asista!— yo pondría en duda
que es como tú lo cuentas”, le gritó.
“No
lo vas a creer, pero hace años
conocí en este mismo albergue a alguien
que ahora es propietario”, dijo Brown,
“de una pescadería, ¿no es chocante?”.
“Un
tipo muy educado, pero hacía
cosas extrañas para un pordiosero:
lo vi una vez lavándose los dientes”,
exclamó Brown, “¡que me aspen si no es cierto!”.
Versión de Gabriel Insausti.
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