Elegir
un nombre masculino jugando es una declaración de intenciones
A Sara Zanellato
El
primer día que jugué a las casitas
le dije a mi vecina que yo sería
un secreto que no podíamos contar a nadie:
me convertí en niño, hijo, novio, padre.
Es
normal jugar a ser otra persona.
En el colegio me disfrazaba de farsante
y al volver a casa me vestía
con camisetas de mi primo.
Ella
nunca supo que yo solo existía
cuando jugábamos juntos.
De:
“Nombre muerto”
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