Filia
Absorta
en el giro del agua,
amasa el hatillo
hasta que ve su transparencia.
Saca las prendas de la tina
y las escurre una a una.
Gotea
la ropa en los alambres,
el viento se corta
y en las telas el sol deslumbra.
Los niños corren en el laberinto
de la azotea, entre macetas
hechas con latas, colmadas de flores.
La
mujer descansa,
siente a los chiquillos
y acepta el frío encarnado en su estirpe,
las manos quemadas de lavandera.
De:
“La mirada rasante”
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