martes, 16 de enero de 2024

MARTÍN LÓPEZ-VEGA

 

 

 

Un columpio sobre el Vilnia

 

Mi amor se columpia sobre el río Vilnia
con sus pies descalzos y su sonrisa más niña.

Y pasan unos muchachos en canoa y la saludan;
y la escultura de la sirenita en la orilla
se relaja y aprovecha para tomarse una cerveza,
porque sabe que mientras mi amor esté en el columpio
nadie reparará en ella.

¿Quién fundaría esta república de Užupis?
Desde que acabé el colegio, el español
ganó cuatro preposiciones
y al sistema solar se le despistó un planeta;
la Guerra Fría perdió un telón de acero
y el mundo ganó una docena de países;
un idioma se dividió en cuatro.
Tampoco esta importantísima república
con su columpio sobre el río
donde mi amor acaricia el agua con los pies
y salpica
su vestido azul con corazones sonrientes
estaba en los libros de texto.

En el patio de aquel colegio
quedaron abandonadas las canicas;
y un balón botando, solo.
Un eco de voces infantiles insistió en repetirme
algo que parecía lo único importante
y fui incapaz de oír. Tenían que ser
las coordenadas de esta república, pienso,
donde hoy estoy con los pies en el río
escribiendo este poema,
mientras los cuervos de Vilna
pasan riéndose de mí,
que no tengo paciencia para terminarlo;
lo que quiero es subirme al columpio con ella
y dejar el poema en el aire
como dejé el balón y las canicas,
para que otro lo recoja.
¿Quién quiere poemas estando ella,
que es gacela constante más allá de la vida
y hace volver las claras golondrinas
y evita que se equivoquen las palomas
y hace que suceda que nunca me canse de ser hombre
y es todos los milagros juntos de la primavera
y puede sanarme y hacer que este río
no vaya hacia el mar, que es el morir,
sino hacia una vida más alta que la vida?

 

 

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