miércoles, 17 de enero de 2024

MARTÍN LÓPEZ-VEGA

 

 

 

Preguntas al mono, al cuervo y a la muerte 

Sepulcro de Humayun

 

Amor, golpeé la puerta entreabierta
y pregunté si la muerte estaba,
y la muerte estaba.

Amor, le pregunté si era ella
la que quería decirme algo
cuando a lo lejos yo era incapaz
de distinguir a un hombre acostado
de un perro dormido
en un angosto ángulo de sombra,
pero no me respondió nada.

Y la muerte estaba,
tras la puerta;
la muerte estaba.

Amor, le pregunté por las niñas
que bailan en los semáforos por unas rupias
y por los barberos callejeros
y por los conductores de los rickshaws
y por las monas que amamantan a sus crías,
pero no me respondió nada.

Y la muerte estaba,
tras la puerta;
la muerte estaba.

Amor, le pregunté si el agua del pozo
se vuelve impura si no se usa
y por los ojos llenos de miedo
de las cabras destinadas al sacrificio
y por todo lo que aquí parece ocurrir
desde hace mil años,
pero no me respondió nada.

Es lo mismo que la vida, dijo el mono
en su dialecto de mono,
pero ella, ella no me respondió nada.

Y la muerte estaba,
tras la puerta;
la muerte estaba.

Entonces vi un cuervo en lo alto de un arco
y le pregunté a él.
Y fue cuando por fin la muerte habló
y me recordó que ella
es el exacto antónimo de ti.

Y ya no estaba,
tras la puerta;
la muerte ya no estaba.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario