La
Felicidad
Con
sus ropitas rosas,
la Felicidad iba llorando solitaria.
A
altas horas de la noche,
tocaba en las contraventanas
pero nadie la reconoció.
Solitaria, vislumbró,
a la sombra de una linterna,
a una madre demacrada
y a su hijo enfermo.
Con
tristeza, se detuvo en la siguiente esquina
y llamó a las puertas
mientras rondaba por la ciudad,
pero nadie la dejó entrar.
En los callejones, bajo la luna,
iba llorando solitaria.
Versión
de Alonso Núñez Utrilla
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