Un
pañuelo azul
Pesaba
120 kilos cuando se separó de su mujer.
Me contó que ella optó
por ser libre y liberal.
Lo dejó con el hijo por 2 semanas después
del divorcio y se fue con un
amigo a Detroit.
El psiquiatra le dijo que había cosas peores, y se calmó.
Un puñado de casas y cientos de camiones
en la carretera no es un escenario grato para la ternura.
Detroit, finalmente, no es un buen
lugar para amante alguno, y entendió.
Cuando
lo vi en el ataúd
era otro, pero distinguí
el pañuelo azul que siempre
usó cuando me dijo que había encontrado el amor.
De:
“Sala de espera”
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