Maternidad
mi
abuela cuida a la mujer senil
que no es su hermana ni su sangre,
la que le negó hace ya tanto
un trozo de tela veneciana
y escupió el jarro donde mi madre de tres años
tomaba la leche mañanera:
leche
que era un poco mugre y exilio,
blanca epidemia, brote de nata, jardín de esporas.
se abren
los gritos uno a uno.
quieren hablar de esa otra vida
grabada en los horcones de la casa
mientras abuela enjabona a la mujer extraña,
al regalo vudú,
a la miseria de la peste,
a los girasoles mustios de las llagas.
ya
no espera más de la vida.
ni
una ni otra esperan otra cosa
que el baño de las seis, la comida a las siete,
el desayuno de pan y muerte,
lo que mi mano debió sacrificar.
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