Espectros
No
saben que están muertos. Te recuerdan
que una vez fuiste el fantasma.
Y
deambulan
por
los pasillos vanos de las casas,
las bibliotecas, las alcantarillas,
en medio de Madrid abarrotado.
Te los encuentras donde no esperaste,
doblando alguna esquina o en el metro.
No saben que están muertos, y te miran
con ojos que salieron de otro mundo.
Te miran con sus ojos como ratas
buscando un asidero discontinuo
en las ranuras turbias de tus párpados.
Y tú
no los conoces.
Tú no los reconoces.
Los
ves hablando a solas con su sombra.
La chica guapa, reina de la fiesta,
lanzándole improperios a la báscula.
Aquel amante contrariado, vuelto
anónimo esqueleto de su torre.
Presos de sus errores, muertos-vivos.
No levantan el ruido ni la tierra
cuando la pisan con sus pies apóstatas.
La
dramaturga con su vana poesía,
fingiendo que vomita tempestades,
habrá olvidado que llorabas a escondidas
si te sacaban a patadas por el patio,
sin que nadie te viera.
Mil ojos acechando y todos ciegos.
Bocas selladas de vergüenza pura.
Pasean
por la calle los fantasmas,
ojeras verdes de amargor de siglos.
No saben que están muertos. Te recuerdan
cuando sobreviviste, cuando al fin
te cosiste las alas.
De:
“El dormitorio de las golondrinas”
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