miércoles, 5 de marzo de 2014

JOSÉ ALBI




¿Y a ti que te diré, río del alma? 



¿Y a ti qué te diré, río del alma, cántaro de mi sed,
jardín cerrado?
¿Y a ti qué te diré, mujer que dejas tu corazón al borde
de mi vida?
Hasta ti llegaré y, entre las manos, tomaré viento y agua;
luz y tierra,
y amasaré nuestros dos nombres juntos.
Qué nuestra es la esperanza, que nos gana y nos pierde
cada día.
Qué nuestra es la tristeza, que se escurre a lo largo de los
hombros y nos deja indefensos, solitarios.
Qué nuestro es el recuerdo, que nos une lo mismo que un
abrazo.
Qué nuestro es nuestro amor. Con él estamos igual que
un niño con zapatos nuevos.
Qué nuestro es nuestro mundo: isla de guerra y paz,
isla profunda
hecha a la dimensión de nuestras almas.
Qué nuestro es nuestro amor,
Qué indescifrable, qué remoto, qué mío
Qué mía que eres tú, qué mío el mundo, que mía mi verdad
cuando te tengo.
Encontrándome en ti, me hallo a mí mismo. Mi vida empieza
donde tú terminas.
Mi vida es despeñarse, como un toro por las encrucijadas
del misterio.
Mi vida es caminar, morirse a ratos, y comenzar de nuevo
la jornada.
Pero tú eres la paz. La paz ganada a pulso, a fuerza de
huracanes y batallas.
No hay victoria que valga si no arriesgamos nuestra propia
vida
Y la nuestra aquí está. Sin burladeros, jugando con el mundo
a cuerpo limpio.
Amor es bello si la herida es honda. Horademos la piedra
gota a gota.
Hay que aprender la paz de cada día. Yo la aprendí
en tus ojos.
Aprenderla y vivirla. Yo he aprendido a vivir a tu manera.
No hay paz para quien lleva sus dos manos vacías de
esperanza
No hay paz para quien niega sombra o luz á su hermano.
No hay paz para quien cierra el corazón, y calla si alguien
llama a su puerta.
Ni hay paz para la fuente que no mana, para el árbol
sin fruta,
para el labio sin beso, sin perdón y sin fuego…
No, no hay paz para el hombre vacío de esperanza.
Haya paz para el hombre que te busca, como el campo
la lluvia de setiembre.
Haya paz para el hombre que está solo, con su destino
a cuestas
Haya paz y haya amor. Romped los diques de la fe y de los
besos, y ahogadme en sus dulces huracanes.
Yo te llamo mujer, y te llamo ternura y fortaleza; y alegría
y dolor a un mismo tiempo.
¡Oh, región fabulosa de tus brazos! Aprenderemos a vivir
de nuevo.
Dame tú luz, tu cumbre, tu destino. Dame más, mucho más:
tu propia vida, pues sabes darlo todo a manos llenas.
Eres incalculable como un mundo. Y tiernísima y frágil como
un niño.
Me sorprendes, me empujas, me acorralas, y entre los labios
te me mueres dócil.
Eres tú y eres yo. Todo es a un tiempo rabia de destrucción
y de ternura,
de inexplicable y de gozoso hallazgo, de generoso encono
de caricia.
Nuestra vida se suma y se desborda. Mi encarnizada
soledad es tuya.
Tu terquedad dulcísima y el agua de tu mirada triste son ya
sangre en mi piel, ya son cascada.
Somos un viento que en la vida clama, abriendo puertas,
derribando muros,
levantando la niebla de los turbios callejones del hombre.
Aquí está nuestra lluvia de esperanza. Somos la vida.
Detened el brazo que amenaza y conmina. ..
Nada podéis, porque la tierra muere, pero nace otra vez.
Somos la tierra que nos forma, nos une y nos libera.
Tierra de Dios, con fuego en el costado que incendia
un corazón para dos vidas.

¡Qué terrible esperanza! ¡Qué delirante gozol ¡Qué vértigo
en el alma!
¡Qué insumisión, qué cólera, qué fuego…!
Si fuimos dos, ya somos uno mismo.

martes, 4 de marzo de 2014

ENRIQUE GRACIA TRINIDAD



Razón de escribir

                                                      A Juan Van-Halen 

Escribir para un tiempo
en el que no estaremos para nadie,
y en el más favorable de los casos
seremos una máscara de polvo
maquillando los libros de alguna estantería.

Escribir para un siglo, si es que llega,
menos oscuro y torpe que este siglo.
Dejar impresa la memoria:
papel, disquetes, vidrio, cerámica esmaltada,
ámbar, cuarzo o moléculas de gas. 

Hacer que las palabras naveguen al futuro
como si fuesen barcos de papel
que sobrevivan hoy a su naufragio. 

Escribir por si alguien, algún día,
tiene un dolor de corazón idéntico
o sufre una alegría semejante. 


De "Siempre tiempo"

FRANCISCO BRINES




Oscureciendo el bosque



Toda esta hermosa tarde, de poca luz,
caída sobre los grises bosques de Inglaterra,
es tiempo.
                Tiempo que está muriendo
dentro de mis tranquilos ojos,
mezclándose en el tiempo que se extingue.
Es en la vida todo
transcurrir natural hacia la muerte,
y el gratuito don que es ser, y respirar,
respira y es hacia la nada angosta.
Con sosegados ojos miro el bosque,
con tal gracia latiendo
que me parece un soplo de su espíritu
esa dicha invisible que a mi pecho ha venido.
Cual se cumple en el hombre
también se ha de cumplir la vida de la tierra;
la débil vecindad que es realidad ahora,
distancia tenebrosa será luego,
toda será negrura.
Miro, con estos ojos vivos, la oscuridad del bosque.
y una dicha más honda llega al pecho
cuando, a la soledad que me enfriaba,
vienen borrados rostros, vacilantes
contornos de unos seres
que con amor me miran, compañía demandan,
me ofrecen, calurosos, su ceniza.
Cercado de tinieblas, yo he tocado mi cuerpo
y era apenas rescoldo de calor,
también casi ceniza.
y sentido después que mi figura se borraba.
Mirad con cuánto gozo os digo
que es hermoso vivir.


VICENTE MOLINA FOIX





Fragmento De Una Col 



¿Eres col o
me escuchas,
oreja de los campos
que el genio de la tierra
más profunda
ha tenido el capricho
de moldear así,
como espiral de carne
que respira?

Ya no puedo comerte,
por respeto.
Lo más probable es
que tengas vida,
blanca col,
col acaracolada,
y si muerdo los nervios
de ese cuerno
de tu abundancia
oiga al fondo
la queja de las manos
de los hombres
que han tardado
un año
y algunos siglos más
de raciocinio
en darte forma.



GUILLERMO CARNERO





Dad limosna a Belisario (II)



Hemos puesto en cuestión numerosas gramáticas,
leído hasta la saciedad la experiencia de otros
y en fotografías borrosas perseguido su imagen
inquiriendo un volumen para sus gestos planos,
codiciosos de aquello de que era razonable
esperar sabiduría, para obtener al fin
un pobre patrimonio de terrenos baldíos,
una colección de medallas y cintas
símbolo de triunfos que ya nadie recuerda,
juguetes con encaje sucio cuyos ojos hundidos
remiten a una infancia convencional y anónima;
y nos devuelve a ellos la vanidad del coleccionista
que dice poseer con los objetos su alma; nos miran
con fijeza de búhos disecados desde la redondez de su urna;
una apariencia que es muerte y serrín y grandes ojos de
vidrio.

Las palabras nos envuelven en su manto de plomo,
nos inmovilizan las manos con su cetro
mientras la perspectiva de las gruesas columnas
percute nuestros ojos en un punto preciso.
Como perseguirlas fue un viaje por mar hacia las tierras
          vírgenes,
cielos de color distinto y animales de fábula,
y un día devuelven las olas el cadáver de un ahogado,
recubierto de algas oscuras, con las órbitas huecas;
arrojado a la luz, mira la fiesta de los sentidos
y otras naves que parten, como un huésped
procedente de un país donde todo es silencio.


FRANCISCO PINO




Erratas fundamentales


Méquina dalicada
máquina delicada
lo infernal celestial
el arúspice el nilo

de donde viene todo
adonde corre todo
el error el milagro
la espuma esa simiente

Justamente lo justo
la poesía siembra
cien mil niños un viejo
Sal la sal esa gracia


¡Dos erratas! ¿Edén?

JOSÉ ALBI





Estrella De Alta Mar, Márcame El Rumbo




Estrella de alta mar, márcame el rumbo.
Puerta del corazón, dame cobijo.
Enamorada miel, tenme en tus labios.
Arrebatada luz, ponme en tus ojos.
Paloma en libertad, cédeme el vuelo.
Palmera, cielo al fin, hazme a tu imagen.
Ámbito de mi fe, cólmame el gozo.
Mujer y nada más, sé toda mía.
Tú, mi dolor, mi sed, mi sobresalto,
mi júbilo y mi luz a manos llenas.
Revelación total, regocijémonos
Llave de mi ansiedad, dame la vida.
Hoguera de cristal, torre encendida, ensimismada
alondra de la tarde,
gloriosa claridad, lirio iniciado, milagro de la
paz y de la espiga.
Dame la paz, la paz, tú siempre amada.
Para siempre la paz y la esperanza.