Testamento
para una suite de huesos
SOLEDAD,
ORGASMO son las llamas de mi angustia.
Plantear una dulce flor y después morirse.
Aportar perfección al idioma: he ahí tu obra.
Antes de cerrar el párpado legar placer,
belleza, música, las flores de la náusea
a los enamorados que danzan en los parques.
Mi Dios es la carne de la esposa deseada.
Todo orgasmo es santidad, mi eternidad fue amar.
Felicidad, locura son signos de setiembre
hasta que la juventud pasa como un sueño.
Sólo queda el alma elevándose sin mañana
ni violines en la noche donde el cuerpo sueña.
No exigir nada a las generaciones que llegan
pero implorar ahora a un corazón compasivo
ser enterrado en la misma tumba que la esposa
amada, para que nuestros huesos, hechos flores,
se abracen bajo el cielo hasta el fin de los siglos.
El tiempo de la niebla entenebrece el mundo.
Bajo la tierra estamos mejor, solitarios
pero incorruptos, abrazados, no contumaces.
Llamaradas de yerba brotan sobre mi clavícula.
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