viernes, 27 de enero de 2012

PEDRO GARFIAS

 




XX

 

El verso humano pesa.

Yo le cojo en mis manos

y siento que me dobla las muñecas.

Mi traspiés juega mal con el camino

y mi dolor contigo, oh blanca primavera

 

A veces en lo hondo del silencio

que bordean las flores y la brisa

acude el largo grito a mi garganta.

La primavera rápida se esquiva,

se rompe en mil pedazos

el aire de veloz cristalería

y cubre el sol sus desnudos miembros

como una virgen tímida.

Yo quedo sobre un monte de tinieblas

aullando al horizonte de mi vida.

 

Después de todo, qué;

¿por qué no recordaros,¹

vosotros que conmigo compartisteis

la lluvia y el espanto?

De vuestra sencillez sabe esta agua,

de vuestra dignidad sabe este árbol.

Acaso vuestros rostros en borrasca

rimaran mal con este culto prado:

pero también su cultivado césped

lo ha sido por las manos.

Hombres de España muerta, hombres muertos de España.

¡Venid a hacerles coros a estos pájaros!

 

1.- Nota: Otra versión de este mismo poema dice en este párrafo “Desde esta primavera luminosa / ¿Por qué no recordaros…”

 

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