XX
El verso humano pesa.
Yo le cojo en mis manos
y siento que me dobla las muñecas.
Mi traspiés juega mal con el camino
y mi dolor contigo, oh blanca primavera
A veces en lo hondo del silencio
que bordean las flores y la brisa
acude el largo grito a mi garganta.
La primavera rápida se esquiva,
se rompe en mil pedazos
el aire de veloz cristalería
y cubre el sol sus desnudos miembros
como una virgen tímida.
Yo quedo sobre un monte de tinieblas
aullando al horizonte de mi vida.
Después de todo, qué;
¿por qué no recordaros,¹
vosotros que conmigo compartisteis
la lluvia y el espanto?
De vuestra sencillez sabe esta agua,
de vuestra dignidad sabe este árbol.
Acaso vuestros rostros en borrasca
rimaran mal con este culto prado:
pero también su cultivado césped
lo ha sido por las manos.
Hombres de España muerta, hombres muertos de
España.
¡Venid a hacerles coros a estos pájaros!
1.- Nota: Otra versión de este mismo poema dice en
este párrafo “Desde esta primavera luminosa / ¿Por qué no recordaros…”
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