Entramos
a un silencio de nieve
un bosque donde algo o alguien respiraba
una ciudad antigua y deshabitada
una prueba de la existencia de Dios.
Los
espejos dos lagunas
allí se miran
los
desaparecidos
los congelados
los detenidos
en
la altura
en el tiempo
en un gesto
las
manos alzadas al cielo en plegaria
o pregunta
Entramos
a oscuras y a ciegas
sin velas ni linternas
para
qué
algo
o alguien las apagaría al primer descuido
algo o alguien que piensa en medio del silencio
las soplaría
donde
el pensamiento son apenas sombras
donde las ideas son una brisa venida del bosque vecino
recados del más allá
allí donde a veces hay tormenta
allí donde ninguna luz persiste
y
entonces
rodeadas por el silencio de Dios
que calla cuando estamos más cerca suyo
casi lo entrevimos
a la luz de la luna y entre unos árboles inmensos.
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