Mi
madre está en silencio ante el gorila gris
con
el dolor de una manada
atenta al precipicio.
Una
avispa de ruido los diseca
y el
agua pierde peces transparentes
que tintan lo rojo sin profecía
las
frutas:
están
llenas de niebla.
“Hubo
un gorila plata”
son cuatro palabras;
“la
agonía” mil páginas
que nadie querrá leer en este siglo.
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