Nadia
Neuman Argerich
Lejos
de los neones y del estruendo de la ciudad.
Lejos del mundanal ruido, del tránsito y los robos.
Lejos de los piquetes y las marchas sindicales.
Lejos, donde la paz es una casa con mil jardines
y la certeza un inmenso monolito.
Donde el miedo y la inseguridad
no hacen hombres de manteca.
Donde los pogromos han dejado de ser gritos.
Donde tu cuerpo es un lugar seguro
para guardar tus sueños.
Donde cultivas la tierra y crecen perlas y diamantes.
Donde Gulda, Lipatti y Magalof corrigen mi digitación.
Lejos del estruendoso olor del reguetón y de la cumbia.
En el parnaso de Rachmaninoff, Schumann y Ravel.
En los cielos inalcanzables de Bach y Mozart.
Entre murallas altivas y bastiones de silencio.
Donde se puede cerrar los ojos si temor a despertar.
Lejos, no tan lejos, cuando el río se hace delta
y una sueña con la brisa, Saint-Tropez y con el mar.
De:
“Poemas de Country Club”
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