Los
80.000 espantapájaros de Xingcheng
Había
que mantenerlos en el aire, agotarlos
hasta que se desplomaran como Ícaros de bolsillo.
La gente de verdad hace ruido con cacharros y sartenes
mientras nosotros, los espantapájaros, debemos cumplir
con nuestro viejo, silencioso oficio de fingir.
Llevamos ropa y sombreros remendados,
retales de todos los parientes muertos.
Nos parecemos un poco a los poetas;
somos demasiados y ahí, solos en el campo,
lejos de las cocinas y de los niños,
parece que tal vez servimos para algo,
pero el ruido de verdad se produce en otra parte
y nadie viene a acompañarnos por la noche.
De:
“Los gorriones contrarrevolucionarios”
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