sábado, 28 de marzo de 2020

SANTIAGO KOVADLOFF





Se sugiere



No vuelvas todavía. Es mejor esperar.
Hablarías hasta el alba, la casa es chica
y el amor sólo pide unas pocas oraciones.

Mientras tengas qué decir o mucho
que aprender o algo
que enseñar
no vuelvas todavía.

Te quiero rota, amor.
Lo que se dice fulgurante y rota.
Como cabe a una buena mujer por fin perdida
que se ha visto girar y girar en el espejo.


De: “Ciertos hechos”


GOYA GUTIERREZ





La flor del hibisco



V. Pero, sin el certificado de amar,
Sin bendición ni hipoteca que obligue,
He mezclado mi sangre con tu sangre.
Mi saliva a través de tus labios
Se entrega como espuma
De ola a las arenas. Tierra y carne
Preñadas del olor a magnolia
Y del color del ámbar. Las lenguas,
En aquel hechizarse, olvidan
Los recuerdos de sombras de aves negras
Que traspasan el aire y llegan
Hasta el rayo fatal,
Con cuya claridad abrasa
El espectro más ínfimo.


De: "El cantar de las amantes"


HANS MAGNUS ENZENSBERGER





Oda a nadie



Tu corazón humeante es testigo,
único rey, al viento
tu mirada a causa de la pena.
Eres el compañero del encantamiento,
esclarecido por muchos desiertos,
coronado por la desobediencia.
No estás moldeado por el tiempo,
ni salpicada de ceniza
está tu frente fiel.

Eres un espíritu sin lacra,
tu silueta es imponente,
eras, antes, más perfecto
que la raya grande y flotante,
más ungido, en tu brillo,
a mano con la muerte, rey.

Pero no te encuentras ni lejos ni temprano
o tarde, estás aquí.
Tu mirada recta cae
como nieve hecha de aire
y habita en arsenales,
va más allá de los observatorios
a las oficinas polvorientas de objetos perdidos, reposa
en mojados sótanos de cemento,
donde gritan de júbilo los asesinos, cae
sobre trombosis y mechas,
chasquea en los mataderos
y en las retorcidas refinerías
donde el gas hilarante se quema despacio, descansa
en las intrigas de las compañías de navegación
y roza los cometas,
los carcinomas de las altas finanzas,
descansa en las murallas del poder,
tras las cuales los capitales
laten a muerte, y las asedia,
hasta que tu mirada estremecida
frente al cielo, enmohecido
por paracaídas, cae.

Desconocida paseas,
hermosa Bö, de noche,
por Plaza España.
Tu reino regresa a ti,
cazador oculto, cristalino.
En tu magnanimidad,
igual que el inocente espárrago,
tu viva imagen, capturarás,
olvidarás el capital suscripto.

¡Tuyas son la fama y la venganza,
roca nunca importunada, compañero
del encantamiento, testigo secreto
y único! Tu pelo de viento
tu mirada constante se despliega
sobre tu viejo futuro reino,
y preserva en el humo
lo verdadero, en el viento.


De "Los elíxires de la ciencia"
Versión de Heberto Padilla



SEAMUS HEANEY





I



Notas de campanas al vuelo
atravesaron la quietud matinal
y los maizales ampollados de agua;
un doblar fugitivo que cesó tan pronto

como se había desatado. Domingo,
el silencio respiraba,
incapaz de pausa alguna:
un hombre apareció
a la vera del campo
con una sierra de arco en ristre
como si fuera una guitarra.
Se desplazó y se detuvo a observar
por entre las ramas de castaño,
puso su sierra en ángulo,

se retiró para observar de nuevo
y pasar de ahí a la siguiente
"Te conozco, Simón Sweeney,
eres aquel quebrantador del Sabbath
que murió hace tantos años."

"Maldito sea cuanto sabes", dijo,
con la mirada aún en la cerca
y sin volver la cabeza.
"Fui tu hombre misterio
y lo he vuelto a ser esta mañana.

Entre los claros de los arbustos
tu rostro de Primera Comunión
me veía cortar la leña.
Cuando los troncos mutilados
del árbol se iban marchitando,

cuando el humo de la madera afilaba
el aire o las zanjas murmuraban,
sentías mi rastro por ahí
como si lo hubieran rociado.
Y te hacía temblar de miedo.

Cuando te exhortaban a escuchar
en la oscuridad del cuarto
al viento y la lluvia entre los árboles,
y a pensar en los remendones que vivían
bajo un carretón volcado,
cerrabas los ojos y veías
un eje mojado y rayos de rueda
bajo la luz de luna, y a mí,
deslizándome desde la llovizna
rumbo a tu puerta."

La luz del sol se abrió paso entre castaños,
las rápidas campanas al vuelo comenzaron
por segunda vez. Me volví entonces
hacia un sonido muy distinto:
una muchedumbre de mujeres con chal

iba vadeando por entre el maíz tierno;
las faldas se agitaban suavemente.
Su movimiento entristecía la mañana.
Avanzaban susurrándole al silencio:
"Ruega por nosotros, ruega por nosotros",

la súplica a través del aire,
hasta que el campo se llenó
de rostros recordados a medias,
una congregación suelta
que se dispersaba y seguía.

Cuando me acerqué por detrás,
me vi de pronto cual peregrino en ayunas,
con la cabeza ligera, abandonando el hogar
para dirigirme a mi estación penitencial.
"¡Apártate de cualquier procesión!",

Sweeney me gritó,
pero el murmullo de la muchedumbre
y sus pies chapoteando
por la hierba tierna, peinada,
abrían una vereda adormilada
sobre la que me proponía pasar.
Seguí el rastro de aquellos madrugadores
que habían comenzado la jornada
antes que los humos en las chimeneas.
Apresurada, la campana sonó de nuevo.


De: “Station Island

viernes, 27 de marzo de 2020


NOÉ JITRIK





Contámelo otra vez



Y en cuanto a lo que podemos llamar “mi” dolor
(no es por el cariño que lo digo)
se parece a un brote
se parece a una mano
que altanera cierra una puerta
un pantalón

porque mi dolor
no es la cumbre del dolor infinito
sino un alga en una roca menor
un puntazo fulgurante en un pie
producto de un zapato descartado por la historia
no es el prestigioso dolor
la herida culta

a “mí” me duele cada fruto de mi cuerpo
desde el malentendido hasta la compulsión
el menor movimiento de mi existencia
me hace desear el grito
la pomada universal que me apacigüe

no puedo más que gritar sólo gritar
ni siquiera puedo
con la timidez con el desgano
no puedo hacer collares en los puertos
ni puedo con el dolor que me desanima
me pone de mal humor estoy rabioso
mis espumarajos alejan a la gente
soy un perro que la sociedad reprime
voy a hacer una declaración
conseguiré muchas firmas
me voy a corregir alguna vez
sanos propósitos de enmienda me estimulan:

claro, ahora estoy equivocado tengo la impresión
de estar haciendo todo al revés
debo tomarme mi tiempo por ejemplo
para secarme al salir del mar
la gota que hierve en la piel causa un daño profundo
para erradicar hasta el fin
el último grano de arena
voy a empezar por mí, ordenar la casa
aunque me duele esto del sol
que regresa infatigable y después
sutilmente se agota entre las matas

estuve aquí hace diez años y ahora
o hace doscientos mil o nunca estuve ni siquiera ahora
y eso me llena de dolor insatisfecho
hasta cuándo podré decir
estuve aquí hace diez años
y (recuerdo) alegre me puso la alegría elemental
de descubrir un cangrejo
una vieja lo había descubierto y en sus manos
la bestia deprimida se le parecía
ella creía que era un juego
ese múltiple pataleo esa araña en flor
¿y si lo olvido, no seré igualmente feroz?

me duele este dolor de cada instante
yo quisiera liberarme del enredo
por qué cuando digo blanco se me escucha gris
es terrible es tembloroso
que yo haga por tu bien
y me estés odiando sin tregua
que yo te explique y mis palabras me estén condenando
a la muerte cabal de tu impaciencia.


De: “Comer y comer”


RUBÉN BAREIRO SAGUIER





Danza de las horas



La mañana huele a cascarita de limón.
La siesta a cáscara de naranja
la noche a cáscara seca.