Nunca es tarde
Es
tarde para todo. Miro ahora
un
cielo gris. Las diez de la mañana.
El
día ha comenzado sin nosotros.
Un
día más sin nadie. En la ventana
se
posa un gorrión. Y vuela luego.
Las
ganas de encender un cigarrillo.
El
libro abandonado sobre el lecho.
El
recuerdo, lejano, de otros días.
El
corazón en punto y a deshora
que
late muy despacio. A sobresaltos.
Y
sentir que ya es tarde para todo.
Que
ni siquiera queda la memoria
de
los tiempos de gloria. Sólo bruma,
ahora
sólo bruma de esta vida
que
se adormece, lenta, inexorable.
Cuatro
gotas de lluvia en los cristales.
Un
silencio pesado que antecede
a
las nubes que vienen por los cerros.
Y
este cansancio enorme. Esta añoranza
de
los días azules de la infancia.
Es
tarde para todo. Y, sin embargo,
el
corazón se me llena a bocanadas,
como
un aire, de pronto, fresco y vivo.
Hay
gente por las calles, como ríos
que
desbordan la vida y que me empujan.
Y
siento que es ahora un buen momento
para
empezar de nuevo. Y para siempre.
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