viernes, 2 de febrero de 2024

RODOLFO SERRANO

 

  

 

Nunca es tarde

 

Es tarde para todo. Miro ahora

un cielo gris. Las diez de la mañana.

El día ha comenzado sin nosotros.

Un día más sin nadie. En la ventana

se posa un gorrión. Y vuela luego.

 

Las ganas de encender un cigarrillo.

El libro abandonado sobre el lecho.

El recuerdo, lejano, de otros días.

El corazón en punto y a deshora

que late muy despacio. A sobresaltos.

 

Y sentir que ya es tarde para todo.

Que ni siquiera queda la memoria

de los tiempos de gloria. Sólo bruma,

ahora sólo bruma de esta vida

que se adormece, lenta, inexorable.

 

Cuatro gotas de lluvia en los cristales.

Un silencio pesado que antecede

a las nubes que vienen por los cerros.

Y este cansancio enorme. Esta añoranza

de los días azules de la infancia.

 

Es tarde para todo. Y, sin embargo,

el corazón se me llena a bocanadas,

como un aire, de pronto, fresco y vivo.

Hay gente por las calles, como ríos

que desbordan la vida y que me empujan.

 

Y siento que es ahora un buen momento

para empezar de nuevo. Y para siempre.

 

 

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