Solenodonte
Por
momentos, su boca se entreabría,
como si tuviera algo que decir.
Era el solenodonte
el que husmeaba con su largo hocico
el aire de la noche frente a nosotros.
Rarísima escena.
Escarbaba con prisa en el suelo húmedo
ajeno al resplandor de las antorchas.
A veces detenía la labor
para extender las patas delanteras
en actitud de orante.
Entonces regresaba a su tarea
de ahondar en la tierra.
Aún me desconcierta no saber
lo que busca con tanta viveza.
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