viernes, 6 de noviembre de 2026

ALFONSO FAJARDO

 

 

 

Brillante

 

Y atribulado,
artificial
y hasta un poco sencillo,
guardás el polvo
de las monedas en tu bolsa;
tomás el microbús
y —sin recipiente para el asco
aguantás
el vómito fosforescente de lo tragado;
tenés sexo
con la mujer de tus sueños
y luego ella misma te despierta;
fumás un cigarro
que no tiene marca
y respirás su azul olor en tus dedos;
caminás por la noche de la ciudad
y en ella te desvanecés
como la sombra en el agua de los ojos;
mandás al diablo al tiempo,
escupís con desprecio el rostro del santo,
maldecís a tu familia,
mordés la mano de tus amigos,
matás al perro de tu vecino,
orinás en la iglesia,
golpeás a las ancianas,
matás a tu papá,
a tu mamá, a tus hermanos;
matás y matás dulcemente
y luego te sentás a ver la televisión,
te preparás una deliciosa tasa de café,
te dormís
y soñás con los angelitos
hasta el nuevo
brillante día que viene.

Marzo y 14 de 2001.

 

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