¿Dedos?
Déjame
que te hable ahora
de
la mujer sin dedos:
Llegó
una noche,
yo
fijaba sábanas en las ventanas,
para
tomar el baño de la noche.
Estaba
desnudo hasta el dedo
ella
era la mujer ciega y sin dedos
en
el dedo.
Al palparme
desnudo, se asustó
y me
pidió tocarle el seno
para
confirmarme;
al
enganchar mi dedo en su blanco pezón
me
lo robó en su ventrículo
y
tal y como había aparecido se esfumó.
Y a
mi amigo del cuarto de al lado,
a
cada uno un dedo.
El
edificio sin dedo se apoda ahora
nuestro
edificio.
Esta
es la historia de la mujer que
no
tenía dedos.
Versión
del rumano de Catalina Iliescu
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