viernes, 9 de febrero de 2024

MARÍA SOTOMAYOR

 

 

 

Querido corazón de madera, la otra noche pensé en escribirte bebiendo zumo de melón y comiendo pan, pensé en sacar todas las fotografías y pintar en ellas pequeños demonios en las caras de esa gente que no conozco o, que he olvidado en algún lugar. El perro se ha comido zapatos, papeles, arena, bolsas enteras de arena y, anda por la casa con ropa interior en la boca moviendo la cabeza en señal de victoria. También se ha comido piedras, y ha roto vasos, platos, silencios, y la paz de una familia de hormigas si acaso fueran familia.

Si supieras, si supieras cómo huele la ropa aquí lavada a mano, y es que verás, hace algunos días la lavadora dejó de funcionar, como dejaron de funcionar algunas bombillas, y la persiana de la habitación pequeña. Pero la ropa, la ropa huele a carne y a limón puesta al sol, y a leche hirviendo, y a esa primera gota de sudor en la nuca.

Hay mosquitos furiosos del tamaño de los mosquitos más grandes que hayas visto, hay que encontrar la manera de aplastarlos y que no duela.

 

De: “La furia”

 

 

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