martes, 12 de septiembre de 2023

MAURIZIO MEDO

 

  

 

Tren Europa

(Fragmentos)

 

En un poema de Levertov había un hombre solitario: quería que
los trenes hablasen por él. Fue cuando creí oír la voz de
Enrique Winter advirtiéndole: “…pero ningún tren entra en el mar”.
No puedo oírlo bien. En Lisboa cae aún la lluvia de ayer, mientras
Skyler White insiste en la necesidad de alguien que proteja a la fa-
milia del hombre que la protege.
Un predicador dogmático recaba millones.
Bruno Ganz recita esta poesía de Peter Handke.
Aparece el tipo del filme de Mathieu Kassovitz.
Cae desde una azotea diciendo: «por ahora todo va bien».
Incluso esos actores cuando no están emborrachándose,
han leído algún verso de Vallejo, pero, ¿qué tiene que ver con
todo esto Mark Strand?
Es una.
En el sueño había un río que después pude encontrar en el mapa,
como una inmensa serpiente enroscada con la cabeza en el mar.
En la ribera un grupo de húngaros bailaba bajo los árboles
alrededor de un barril de cerveza. Cuando son húngaros
siempre uno toca el acordeón, ¿ es una alegoría
de la felicidad o solo otra .
Un poco más allá está el tren «Europa».
Nadie sube ni baja.
No puedo abrir sus puertas.
Los rieles envejecen más deprisa que los hombres.
Aunque el tren está detenido, a su alrededor todos los
paisajes parecen entremezclarse. Después de dudar,
mi Padre, quien está dentro del tren, exclama:
—¿Quién conoce el rumbo?
—Yo no lo sé. Pero hacia ahí estamos yendo —responde una voz.
Tal vez sea la del Nonno. En ese preciso momento yo
tendría que haber aparecido junto a él para que pueda
invitarme a mirar desde la ventana diciendo algo así como:

—¿Ves aquella montaña? Le habría respondido que sí, que parece muy cercana.
—Esto —agregaría él— es lo que ves cuando eres joven. Todo te parece muy cerca. Eso es el futuro. Cuando estés viejo te parecerá muy lejano.
Eso es el pasado. Pero ese diálogo más bien tendría que estar en el sueño previo a un guion de Sorrentino. En este el Nonno me abandona en la Sala de Máquinas donde vuelvo a imaginar las florecillas silvestres que crecen alrededor de los bosques de Loano.

Nada está claro, incluso dudo que los distintos detalles que vivo allí me pertenezcan.

Es verdad, el filme de Kassovitz se estrenó en el 95.
Casi un siglo después que Jung cesara sus labores.

—Son emanaciones de fuerza creativa que se encuentran
en la conformación de las células, en los tejidos de las
hojas de los árboles, en nuestra piel y en las expresiones
culturales y artísticas que se manifiestan a través
de imágenes simbólicas.

El mundo no interfería tanto con sus propios principios sistémicos.

Jung jamás pudo registrarse en Netflix.

Hoy el límite entre el sueño y lo real se hace cada vez más tenue. Cada noche es lo mismo. Los sueños no cesan de escribirse. Y yo no creo en su valor espiritual. Nada es comprensible en ese dial epifánico donde el lenguaje tendría que interpretarse como quien revisa una lista de objetos perdidos, sin que alguno de ellos deba significar algo.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario