El
sonido de un barco hundiéndose
(Cómo
saberlo para entonces
pero) los sonidos que salían del delirio
ya no eran las runas de evos antiguos despertando
ni tampoco eran los ruidos de la noche rasgándose como cuenta el exilio
lo
que escuchábamos, según el zombi y yo,
era más bien el sonido de un barco hundiéndose
a la velocidad con la que se horadan nuestros huesos,
una
especie de grito unánime
que conjura nombres de dioses muertos
justo antes de devolverse a las aguas
de
aquí allá se regaba el miedo,
nos quedamos sin el fuego de los gritos endemoniados
dejando esa lluvia como eco del pasado
lluvia
como si los ojos de alguien lloraran,
una lluvia salada que se metía en los poros
y en los pulmones y en la tremenda cicatriz de nuestros lomos
a lo
mejor para entonces ya sudaba,
sin darme cuenta,
hasta que el zombi o un brujo o alguna rata sabelotodo
empezó
a escupir lo que parecían partes de caracoles y agua,
una agua negra que se mezclaba por la espuma de su boca,
haciendo esos sonidos guturales capaces de asustar
por años a los amantes en los parques
enseguida
empecé a ahogarme
y tal vez alcancé a cerrar los ojos
o tal vez no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario