Tren
Europa
(Fragmento)
—Cuando
te pregunten de dónde eres, tú háblales del viento. El verdadero camino, si
existe, termina cuando ya es un recuerdo; los viejos lo llamamos destino —me
advirtió—. El Nonno nos visitaba a menudo en la Sala de Máquinas. Alguna vez
llegué a pensar que venía a relatarnos diversas ocurrencias que podrían
reclamar su autenticidad en la atmósfera de un antiguo cuento de hadas que
nadie consiguió comprender. Ignoraba que la vida misma era ese cuento de hadas.
Ni Sorella ni yo no teníamos lugar ni en La Ribera ni en Plitvice; apenas
encontramos uno entre las penumbras de esa vetusta sala. Era el precio que
debíamos pagar por haber nacido “en el camino”.
Lo
que pudo haber estado ahí dentro no me interesó. El tiempo, pensaba, no
transcurre, se escribe, y aunque las palabras no inventen las cosas, es lo que
permanece. Todas ellas, y me parece recordar que esto también lo dijo el Nonno,
eran como un caldero cascado en el que tocábamos melodías para hacer bailar a
los osos. Sorella creía más bien que el verdadero sentido de escribir residía
en la oportunidad de rescatar lo que alguna vez fue y “hacerlo posible”. Cada
palabra era una sombra, decía, tal vez por ello yo nunca pude dejar la
irritable sensación de haber llegado a destiempo. Sorella se entregaba a la
presteza de la música. No precisaba un idioma. En su periodo punk, ella se
rebeló. —¿No te das cuenta de que aquí lo que no está prohibido es obligatorio?,
¡estoy harta de vivir en medocracia! Tú y yo debimos haber nacido en Loano, y
no en este camino a merced de la indiferencia del resto del mundo. Deda apenas
pudo escucharla, y, luego volviéndose a nosotros, exclamó con un inusitado
furor: “sreća dođe jednom”. No éramos capaces de distinguir los distintos
sentimientos expresados en un lenguaje que no conocíamos. Tan solo pudimos
mirarnos. Desde ese entonces presentí que tendría que llevar el desierto
conmigo para resolver cualquier duda antes de ponerme a resolver crucigramas.
El hombre llegó a la luna. Habíamos comenzado a vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario