lunes, 2 de octubre de 2023

SAÚL ORDOÑEZ

 

 


 

CHINGADO, Víctor,

qué imagen
me dejaste.

Desperté. Te oí discutir —siempre a gritos —il Duce, der Führer, Stalin —camisas negras, camisas pardas, brazos en alto— con los vecinos.

Volví a dormir.

Desperté. Salí al baño.

Vi tu cadáver hincado entre los fierros, la mandíbula abierta, chorreando, un guiñapo —il Duce en Milán, der Führer en Berlín, la peste roja le pisa la derrota, la muerte negra, Stalin entre sus propias heces, tras una puerta cerrada por el miedo, El lago de los cisnes, cisne abatido. ¿Dónde estás? Grité. Lo descendimos. Intenté reanimarlo. Inútil. Ya estaba frío.

Tengo tu cadáver grabado en la mirada, en el corazón, en la memoria, para siempre. 

  

De: “El castillo de la impureza”

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario