Así
como hay trabajos de paseador de perros, me gustaría ver un aviso
que dijese que se pasean sueños. Esos que rascan la puerta por salir y
realizarse, los que orinan nuestros bienes para marcar su territorio, los que
le ladran con envidia a todos los sueños sin collar y van al parque. “Se sacan
a pasear sueños” y vuelven calmados, satisfechos. Ya no le causan molestias a
sus amos. Entonces ya no tendría uno que empuñar el periódico de los domingos
con una furia incontrolable para reprenderse lo que sueña. Entonces uno leería
y escribiría con más calma. Entonces no odiaría dormir con él a un lado del
hastío. Pero los sueños no se doman fácilmente. El sueño muerde hasta a la
noche, el sueño orina en la esperanza. El sueño muerde nuestra mano a todas
horas, sin aviso y a la mala. Si no lo suelta el paseador, un día lo puede
morder.
De: “Yo no vine a hacer amigos”
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