martes, 5 de septiembre de 2023

ÉRIQ O RULO SÁÑEZ

 

 


 

Así como hay trabajos de paseador de perros, me gustaría ver un aviso que dijese que se pasean sueños. Esos que rascan la puerta por salir y realizarse, los que orinan nuestros bienes para marcar su territorio, los que le ladran con envidia a todos los sueños sin collar y van al parque. “Se sacan a pasear sueños” y vuelven calmados, satisfechos. Ya no le causan molestias a sus amos. Entonces ya no tendría uno que empuñar el periódico de los domingos con una furia incontrolable para reprenderse lo que sueña. Entonces uno leería y escribiría con más calma. Entonces no odiaría dormir con él a un lado del hastío. Pero los sueños no se doman fácilmente. El sueño muerde hasta a la noche, el sueño orina en la esperanza. El sueño muerde nuestra mano a todas horas, sin aviso y a la mala. Si no lo suelta el paseador, un día lo puede morder.

 

De: “Yo no vine a hacer amigos”

 

 

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