La
sed
La
sed
parece inmemorial,
pero es mentira.
Se estira hasta nacer cada minuto
―siembra el erial,
dora el luto―
y vuelve a aparecer
sin morir nunca.
El
día empieza
cada tres segundos.
Sudas
y es una gota siempre nueva.
Mudas la piel
con cada rayo de aire
y es una boca distinta
la que se abre
siempre para el mismo beso.
Te
profeso esta sed
te la regalo
en cada novedad reconfortante,
recreo fundamental.
Deseo, sed de sal:
me chupas y te escuezo.
La boca siempre es igual,
varía el rezo.
De:
“La edad ligera”
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