Tren Europa
(Fragmento)
Stefan
Zweig comprendió que el transcurrir de toda la historia, incluido este momento,
era algo totalmente repentino. Tal vez, porque la realidad no es del todo
probable. Desde aquí veo alejarse a los poetas más jóvenes. Son otro presente.
También en la historia. Quizá sea solo una perspectiva cercana a la que tuvo
Zweig antes de aislarse en Petrópolis. Nunca significa, acontece. Por eso
vivimos mil años. Los suficientes para poner un cartel de advertencia “llámame
cuando llegues”, aun cuando el mensaje no pueda traducirse de acuerdo a los
datos requeridos por el carné de identidad.
Zweig
buscaba una patria.
La
mía fue un tren que no existe.
Se
perdió ese presente.
“Patria”
es solo una palabra mágica, como ultramar como tren, como Loano,
son válidas para la membresía de la tarjeta MasterCard.
A pesar de la vecina, yo preferí a la vida mirándome.
Ella buscó ayer «al fondo en la manigua» y como, salvo por los árboles, no
encontró nada nuevo, adujo que mi verdadera intención
fue evadir la realidad sin saber bien cómo iría a plantear otras dimensiones,
tal como ocurre en esos poemas de amor que nos descubren
uno lejos del otro, frente al televisor, como dos dummies
cortejándose con emojis musicales a través del Skype.
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