viernes, 29 de septiembre de 2023

VÍCTOR RUIZ

 

  

 

CAMINO UNA CIUDAD SIN ROSTRO y sin centro, una ciudad donde los únicos habitantes que se sienten parte de ella son seres seniles viviendo al borde del llanto o del miedo. Ves sus ojos y solo sombras contemplas moviéndose en sus pupilas. Estos pequeños seres, deformados por el tedio y la nostalgia, pueden decirte perfectamente en qué lugar se desbordó el vaso de esta ciudad que nació anfibia pero con el tiempo transformose en serpiente que repta sobre el polvo. Les preguntas, abren sus bocas y escuchas gritos contenidos en sus gargantas: aguas turbias abandonadas, la mujer de fuego que corre con un niño entre sus brazos, una mano que florece entre las ruinas, calles lisas que se volvieron pliegues sobre pliegues y más pliegues. Atónito entonces descubres que no entiendes sus palabras,  son entes petrificados, signos varados sin referentes; desean orientarte, señalarte el lugar exacto que buscas, salida o entrada, pero no comprendes o mejor dicho, al fin comprendes: esta ciudad, sus lugares y sus calles, al igual que sus habitantes son fantasmas viviendo en los escombros de la memoria.

 

 

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