cuando
veas que el vómito se desliza por el vagón
en la madrugada de comienzo de semana, siéntate enfrente
aprovecha que estás sola y, con ambas manos, toma tu parte
entonces bebe, que allí también tú eres mi hermana
en
la afroamericana que canta
como queriendo que dios se voltee a oírla
mientras los coches que pasan esparcen
la nieve sobre sus pies
yo también aguanto
en
la mujer de labio leporino
la de rostro asido al atropello de la cara
que alargando la cuerda del violín pide monedas
a cambio de mostrarse aún más herida
yo también estoy ahí desesperada
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