Serotonina
Privado de su ración de serenidad y
tolerancia por dos días mi cerebro se niega a obedecerme. Y no me basta existir
ni el alimento en mi boca ni el agua que sobre la mesa tiembla.
Otra vez esta tristeza sin nombre ni motivo,
aquí enquistada. Un peso que me aprieta los pulmones, una fisura en mis ojos
que enturbia los objetos de la casa. Certidumbre del dolor. Esta niebla. Esta
fiebre tan dentro, aunque insensible. Moléculas que en el cerebro se empozan
sin remedio y en cuya inmovilidad todo se estanca.
Mañana temprano iré por mi ración de luz. El
equilibrio roto se puede comprar en la farmacia.
Y sin embargo digo amargura, lo escribo, lo
repito, y algo de ella escapa en las palabras. Hace un momento hubiera creído
que es de la desesperanza el reino de lo inamovible. Tampoco ella dura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario