La casa está en silencio
y es hora de dormir.
Estás presente
en todos tus sonidos que no haces:
en los muebles
que no sienten más tu peso, en la duela
que ya no es herida en tus tacones.
Hay dos formas de ver esto que pasa:
dolerme de tu ausencia
o sentirte de lleno en lo que llenas.
Me hundo en el sueño y tú conmigo,
rebelde a las lágrimas y al duelo,
cicatriz, tatuaje, incrustación
en mi carne más viva y más sedienta.
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