sábado, 10 de octubre de 2026

ALBERTO PAREDES

 

 

 

 

Ecos

Hacia el este de la ciudad
en esta urbe que camina sobre sí misma
bajando la falda del Esquilino
– lo atestiguan Horacio y Suetonio el escrupuloso –
ahí – ahora un atareado crucero
de la via Merulana –
se abre una placita arrinconada

El caminante ocioso advertirá la placa
tras la reja oxidada:
vestigios son estos
del Horti Mæcenatis
el residuo de la mansión del Consigliere
a quien César Augusto reclamaba
en intríngulis señalados

La placa promete que si se cumplen
trámites y rituales
una visita guidata franqueará el paso
a la construcción oval
lo que sobrevive del legendario auditorium

Siete escalones de mármol cipolino
retazos de frescos del tercer estilo
ventanas abombadas para atraer la luz
al ninfeo favorito de aquellos cuantos
cuando ponían un paréntesis al tráfago
negocios y acuerdos disputas
ellos también dando la espalda
al ruido la pompa y vanidad

*


Si yo la traspusiera
en alguna tarde a ojos impávidos
y atónitos preguntaría mirando
si el espíritu de aquellos banquetes persiste
resguardando tokens of immortality
de aquellos que sabemos favoritos de los dioses?

Sobreviven del maremágnum de imperios y reinos
los suficientes ecos y jirones de voces
como para formar una frase
acaso el santo y seña
de aquel tiempo de oro?

*


Sí, sí, afirma tenaz el poeta
Los días malignos no os acallan del todo
en alguna parte aquí mismo
se refugian vibrando los destellos visionarios
los fragmentos del sueño de la vida

cuando eran ellos los soñadores
Nupcias celebraciones
seguirán cantando su oda

en aquella lengua de oro y lapislázuli
que sin cesar reverenciamos
joya de los tiempos que fueron Roma

Aquel esplendor de academias y cenáculos
sigue volcando hacia todos los futuros
destellos de aquellos varones
hermanos de espíritu
cuando Mecenas los congregaba
en días de fausto y ocio


*


Manifiéstate nuevamente
brillando como tibia hierba otoñal
admítenos así sea tardíamente
en el banquete del huerto
al pie del Esquilino
Podremos escuchar la melodía
el pulso de la inmortalidad escandido
en armoniosos hexámetros
cuando poetas políticos y patricios
fueron bendecidos por la Musa

 

De: “Derelictos”

 

 

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