Y a
veces la bala es hombre cis
Puerto
Rico es una bala hinchada entre mi pecho.
Es algo que me duele, que me seca el retoño.
Por su culpa soy trescientas bombillas
de ilusión apagada…
Marigloria
Palma
Y a veces la bala es
hombre cis.
Y otras, es machete, una navaja, botella, gasolina.
Despertar cada mañana a trescientas bombillas de lucha apagadas.
No es suficiente que se nos va la luz semanalmente,
pero se nos va la vida también. Y cuanto más cerca de la noche
se pare una mujer, más le enseñan a temerle.
Puerto Rico, demasiados macharranes
acechan entre la fiereza de tus piernas,
se asientan sobre tu mesa en retoño.
Estamos hartes de leerte morir en letra tamaño diez
y entre manchas de café—de las manchas blanqueadas
por el cepillo de limpieza del estado.
Tus aguas se calientan, y nuestres cuerpes se crecen con ellas.
Un bofetón a los hombres cis, que se dicen de izquierda
pero se saben de derecha. Desafía el derecho
que protege la seguridad de su violencia.
Que tiemble su violencia al caminar por la calle,
le soltamos una jauría de resistencia. La calle no es enemiga.
Nuestro miedo se escabulle como rata bajo alumbrado público.
El alumbrado sobre la verja de nuestres cuerpes—
alúmina, entreverada, tajante.
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