Sutil
Una
columna de fuego
semejante a aquella que paseaba
en
el espacio entre signos, para indicar
que el espacio no era un sueño;
una
columna de fuego proteica.
Una columna de fuego constante.
Que
arde sempiterna.
Que no deja de estremecerse.
No
deja que el fuego se apague.
Si ocurre, se enfría.
En
tal quietud arde por siempre
el alma: columna de fuego,
patente
y de manera sostenida,
es decir: en caso de que algo se malogre,
falle
el blanco, sucumba, se vaya a pique,
sigue ardiendo a proporción y espíritu constantes,
de
forma discreta como acechan los miedos.
La excitación de costumbre.
Una
columna de fuego constante.
Con toda claridad una sonrisa social.
Y
cuando el oro se le desprende
llamean los pavores en orfandad.
Versión
de Daniel Bencomo.
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