viernes, 5 de enero de 2024

ELKE ERB

 

  

 

Sutil

 

Una columna de fuego
semejante a aquella que paseaba

en el espacio entre signos, para indicar
que el espacio no era un sueño;

una columna de fuego proteica.
Una columna de fuego constante.

Que arde sempiterna.
Que no deja de estremecerse.

No deja que el fuego se apague.
Si ocurre, se enfría.

En tal quietud arde por siempre
el alma: columna de fuego,

patente y de manera sostenida,
es decir: en caso de que algo se malogre,

falle el blanco, sucumba, se vaya a pique,
sigue ardiendo a proporción y espíritu constantes,

de forma discreta como acechan los miedos.
La excitación de costumbre.

Una columna de fuego constante.
Con toda claridad una sonrisa social.

Y cuando el oro se le desprende
llamean los pavores en orfandad.

 

Versión de Daniel Bencomo.

 

 

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