Para Zoe, en su presente perfecto
Al
tiempo que cae la tarde sobre el río
se encienden farolas y en el cielo
inician su turno las estrellas.
El día se termina, igual que muchas vidas.
Mañana será el amanecer
y aunque algunos
no habrán de verlo nunca más,
ese llanto infantil
nos dirá que tenemos otro día.
La fragancia del pan,
la nota café que la celebra
han de ser rituales
jamás advertidos por la niña
hoy a salvo del tiempo y de sus sombras.
Cura nuestros pesares su risa flamboyana.
De:
“Bisturí de cuatro filos”
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